Cada sector tiene sus tradiciones, sus bromas internas y sus rituales. En publicidad, uno de
los más curiosos —y queridos— es San Publicito, una figura simbólica que cada año reúne
a creativos, estrategas, diseñadores, community managers y profesionales del marketing
bajo una misma excusa: celebrar el oficio de las ideas.
En 2026, San Publicito se celebra el viernes 30 de enero, ya que la tradición marca que
esta fecha corresponde siempre al último viernes de enero. No aparece en calendarios
oficiales ni tiene reconocimiento religioso, pero dentro de la industria publicitaria su
presencia es casi “sagrada”.
¿Quién es realmente San Publicito?
San Publicito no es un santo real, ni histórico, ni religioso. Es una figura ficticia creada
dentro del propio sector publicitario, que funciona como símbolo del espíritu de la profesión:
creatividad, ingenio, capacidad de persuasión y pasión por comunicar.
Representa a ese profesional que vive entre ideas, plazos imposibles, campañas que
cambian a última hora, presentaciones eternas y, aun así, sigue creyendo en el poder de
una buena historia bien contada. San Publicito es, en el fondo, una forma divertida de rendir
homenaje al trabajo invisible que hay detrás de cada marca que vemos todos los días.
¿De dónde viene esta tradición?
El origen se remonta a principios de los años 90, cuando desde el entorno de agencias de
publicidad en España comenzó a circular la idea —con tono humorístico— de que los
publicistas también necesitaban su propio “santo patrón”. Se tomó como referencia el 25 de
enero, día de San Pablo Apóstol, conocido por su capacidad de difundir mensajes y
convencer a través de la palabra, cualidad con la que muchos profesionales de la publicidad
se sentían identificados.
Con el tiempo, la celebración evolucionó. Para facilitar que pudiera celebrarse dentro del
entorno laboral, se trasladó simbólicamente al último viernes de enero, naciendo así la
versión moderna de San Publicito: menos religiosa, más creativa y completamente
integrada en la cultura del sector.
¿Por qué se sigue celebrando hoy?
En una industria donde el ritmo es frenético y los resultados lo ocupan todo, San Publicito
se ha convertido en una pausa necesaria. Es un día que funciona como recordatorio de que
la publicidad no solo es rendimiento, métricas y conversiones: también es creatividad,
intuición, cultura y trabajo en equipo.
Muchas agencias lo celebran con actividades internas, desayunos de equipo, dinámicas
creativas, entrega de premios simbólicos o simplemente con un brindis al final del día. No se
trata de una fiesta formal, sino de un gesto de identidad colectiva: reconocer que detrás de
cada campaña hay personas que piensan, sienten, prueban, fallan y vuelven a intentarlo.
Lo que simboliza San Publicito en 2026
En un momento donde el marketing está cada vez más dominado por la automatización, la
inteligencia artificial y los datos, San Publicito cobra un significado especial. Representa el
valor de la idea humana, de la creatividad con criterio y de la comunicación con intención.
También simboliza algo clave para el presente del sector: la mezcla entre estrategia y
creatividad. Hoy, un buen publicista no solo hace piezas bonitas; entiende audiencias,
construye marcas, genera impacto y conecta negocios con personas.
Más que una broma interna
Lo que empezó como una ocurrencia divertida se ha convertido en un símbolo cultural de la
profesión. San Publicito no necesita ser oficial para ser real dentro del sector. Vive en las
conversaciones de agencia, en los memes, en las felicitaciones de LinkedIn y en ese
sentimiento compartido de pertenecer a un oficio que transforma ideas en valor.
Cada último viernes de enero, la industria se mira a sí misma y dice, medio en serio medio
en broma: sí, este trabajo también merece su día.
Y quizás ahí está la verdadera esencia de San Publicito: recordar que, detrás de las
marcas, siempre hay personas que creen en el poder de una buena idea.