Cuando pensamos en marcas icónicas como Coca-Cola, McDonald’s o Tiffany & Co., es imposible no asociarlas con sus colores característicos: rojo, amarillo, azul Tiffany. ¿Casualidad? Para nada. El color en el branding no solo es estética, es estrategia pura. Es un elemento clave para conectar emocionalmente con el consumidor, transmitir valores y destacar en un mercado cada vez más saturado.
El color tiene un impacto directo en cómo percibimos una marca. Se estima que el 80% de la información visual que retenemos está relacionada con el color, y que las personas forman una opinión sobre un producto en solo 90 segundos, siendo el color el principal responsable de esa primera impresión.
Colores que comunican
Cada color despierta emociones y asociaciones distintas. A la hora de crear una identidad visual, elegir el color adecuado puede marcar la diferencia entre conectar con tu audiencia… o perderla.
- Rojo: pasión, energía, urgencia. Usado en marcas que buscan llamar la atención o transmitir dinamismo (como Coca-Cola o Netflix).
- Azul: confianza, serenidad, profesionalismo. Ideal para marcas tecnológicas, financieras o de salud (como Facebook o IBM).
- Amarillo: alegría, optimismo, juventud. Llama la atención y estimula la creatividad (como IKEA o McDonald’s).
- Verde: naturaleza, bienestar, sostenibilidad. Común en marcas ecológicas o de alimentación saludable (como Whole Foods).
- Negro: elegancia, lujo, sofisticación. Muy usado en moda y alta gama (como Chanel o Nike).
- Rosa: feminidad, dulzura, cercanía. Aunque su significado evoluciona, es potente en sectores como belleza o lifestyle.
- Naranja: entusiasmo, accesibilidad, creatividad. Da una sensación amigable y enérgica (como Fanta o Amazon).
No basta con elegir un color bonito: hay que saber aplicarlo de forma coherente en todos los puntos de contacto con el cliente. Desde el logotipo hasta el packaging, pasando por redes sociales, página web o uniformes. Una paleta bien definida refuerza el reconocimiento de marca y genera confianza.
Si bien hay tendencias cromáticas que van y vienen (como los tonos pastel o los neones), es clave no dejarse llevar solo por la moda. La elección del color debe alinearse con la personalidad, valores y objetivos de la marca. Una identidad visual sólida debe resistir el paso del tiempo.